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ENTREVISTA A ALFREDO GRANDE

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Por Javier Vicente Manavella 

CADA UNO TIENEN AL FREUD QUE SE MERECE 

Invitado por la Agrupaciones Nuevos Horizontes y Utopía Latinoamericana, estuvo visitando Mar del Plata el  Médico Psiquiatra y Psicoanalista Alfredo Grande. Autor de tres libros y de numerosos artículos de divulgación científica. Profesor Universitario y Jefe de Cátedra en las Universidades de Buenos Aires, Lomas de Zamora,La Matanza y Favaloro. Profesor Titular de Teoría Psicoanalítica enla Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental).

¿Cómo podría presentar al Psicoanálisis Implicado? Su origen y recorrido

El Psicoanálisis Implicado aparece en una polaridad teórica y política con el Psicoanálisis aplicado, entendiendo a este último como un reduccionismo donde la construcción teórica de Freud quedó reducida a una intervención clínica para la patología individual. Esta restricción del campo del psicoanálisis a una intervención puntual sobre el sujeto individual  no es casual, es una manera de restringir los efectos políticos, subversivos del psicoanálisis para quedar acotado como una herramienta mas del conocimiento pero no de la transformación de la sociedad. Dentro de la concepción del psicoanálisis aplicado el sujeto social no aparece, aparece un sujeto desligado de lo social y ese desligamiento es lo que se llama neutralidad. El concepto de neutralidad solo se lo puede entender desde esta especie de reduccionismo, casi como un escotoma. Cuando Freud habla de los escotomas del analista, el psicoanálisis aplicado consagra el escotoma político social. No es que de eso no se habla, se habla, pero no se lo piensa, se lo menciona, porque lo social existe, pero no hay una correlación entre los social y construcción de la subjetividad, entonces se puede hablar de cuestiones sociales o de las cuestiones de genero pero no de lucha de clases. Como que en la construcción de la subjetividad no tuviera nada que ver la lucha de clases. Bueno una de nuestras afirmaciones es justamente esa: que la construcción de la subjetividad la pensamos como decantado identificatorio de la lucha de clases. El psicoanálisis aplicado, lo que Castel denomina “Psicoanalismo”, como mucha mas fuerza, es una faceta mas de esa oposición individuo – sociedad, esa vieja polaridad donde el individuo es una cosa, la sociedad otra y se articula. Por ejemplo, nuestra idea de no separar masas artificiales y Superyo, decimos que el superyo es la organización subjetiva del patriarcado, y el patriarcado es la masa artificial hecha familia, por así decirlo, entonces hablar de un superyo en su concepción artificiales es hablar de masas artificiales. Ahora bien si no queremos hablar de masas artificiales, de la iglesia, del ejercito, del estado, de la familia, el trabajo asalariado, la universidad, las corporaciones de profesionales, etc., entonces hacemos terapia individual y por supuesto no hablaremos de eso porque tenemos a un sujeto individual. Creo que los cambios teóricos vienen de innovaciones técnicas y la terapia de pareja, de grupo e institucional abre otras referencias teóricas. Lo lamentable es que  muchos psicoanalistas que abrieron esos campos se van del campo teórico del psicoanálisis, en un momento lo abandonan, el caso mas importante es Gregorio Baremblitt. También podríamos poner a Pichón Riviere como uno de ellos, siendo fundador de la APA, finalmente es conocido y desconocido al mismo tiempo por sus aportes a la Psicología Social, de hecho no es casualidad que en el psicoanálisis implicado la psicología social tenga, no solo consonancia teórica y política, sino que hay muchas de las personas que trabajan el psicoanálisis implicado son psicólogos sociales, o docentes en psicología social.
Hay un trabajo mió, inédito, presentado en la AEAPG, que se llama “Irse con Freud”, no era un volver a Freud, sino era un irse con Freud, me iba pero no solo, porque mucha gente se ha ido pero sin Freud. Como si Freud fuera inclusive para los psicoanalistas solamente para ciertas cosas, Yo creo que hay conceptos freudianos de extraordinaria importancia, pero que han sido tomados por el psicoanálisis aplicado, por ejemplo el Freud social, que sería la aplicación del psicoanálisis a lo social, creo que ahí te empantanas para siempre, yo creo que el Freud social del “Moisés y el Monoteísmo”, es una verdadera Metapsicología, al igual que “El malestar en la Cultura” es un artículo metapsicologico al mismo nivel que “Los Instintos y sus destinos”. Además Freud tiene un trabajo “La doble moral sexual cultural”, que es una análisis político y social de la sociedad victoriana que lo escribe muy tempranamente, antes de “Mas allá del principio del placer”. Entonces esa división que se hizo después entre un psicoanálisis, un psicoanálisis aplicado y otro social, esa trinidad que inventaron las organizaciones psicoanalíticas, en Freud nunca existió, lo cita en “Psicología de las Masas” cuando dice que toda psicología es psicología social, algo que se cita mucho y se sigue poco. Es decir que hay una trinidad reaccionaria de compartimentos del psicoanálisis que en Freud no estuvo, aunque en muchos de sus seguidores sí. En ese sentido el psicoanálisis implicado es tan Freudiano como otras lecturas, yo digo por ahí que cada uno tiene al Freud que se merece.
Nosotros vamos construyendo conceptos como el del “ideal del superyo”, por ejemplo, aceptado por la Escuela Argentina de Psicoterapia como un concepto  original o el de “sexualidad represora”, o “ternura primaria”, que son concepto que dan cuenta de un psicoanálisis donde lo social no es un campo de aplicación sino un campo de construcción del sujeto y esto es Freud. Cuando él dice que el superyo es la disolución del complejo de Edipo, y el complejo de Edipo es la trama familiar pero social, nos está diciendo que estamos construidos por la misma sociedad, desde ahí luego la interpelamos, en el mejor de los casos.
Ahora, las consecuencias de la intervención que hacemos - yo vengo de dar varias clases de capacitación a docentes en Neuquén, Gral. Roca y demás, trabajando el concepto de sexualidad represora con docentes de escuela primaria -  son impactantes, muchas de las docentes mujeres trabajaban en sus monografías cuestiones personales, es decir que cuando se empieza a trabajar estos escotomas se iluminan áreas que habitualmente están silenciadas.
La gran oscuridad es la culpa, por ejemplo decimos la frase que: donde hubo yo, ello ha de advenir, con la cual planteamos la recuperación de la potencia instituyente del deseo que ha estado capturada por la culpa, por los aspectos protectores del superyo, que yo digo que existen pero que son los peores, porque por un lado te protegen algo, pero al mismo tiempo te revientan todo lo demás, es como el estado benefactor, el estado que contiene, etc., pero que es un estado que busca exclusivamente tapar la lucha social. Bueno eso tiene un correlato metapsicológico en el superyo y sus aspectos protectores. Freud lo dice claramente: Instancia resistente, repelente, represora, cultivo puro de pulsión de muerte, se enfrenta al yo como un imperio a una colonia; dice cosas durísimas, y sin embargo ¿por qué se sostienen los aspectos protectores? Porque el superyo es funcional a una sociedad de clases, porque además el superyo no es la tercera instancia, es la única instancia, captura al yo que ya capturó al ello, esto lo dice Freud con la frase el superyo hunde sus raíces en el ello y que el superyo saca su energía de la libido; es libido vuelta contra si mismo. Hay un aforismo que me gusta que dice: todos los caminos conducen a Roma, hay que destruir Roma. Entonces el baluarte teórico y político del superyo en el campo del psicoanálisis hay que demolerlo. Mientras halla superyo va a haber culpa, mandatos, prohibición de pensar o pensar en ciertos parámetros; y el sujeto va oscilar entre el sometimiento y el abuso, y no se va a mover de esa posición.

Si se acepta que el Superyo tiene aspectos protectores, pero los peores, ¿cómo pensar metapsicologicamente aspectos protectores diferentes a los superyoicos?

Bueno lo que Freud describe como aspectos protectores es lo que llama pulsiones de autoconservación, y que no ingenuamente en el artículo sobre la ceguera histérica describe algo que generalmente se deja de lado, que las pulsiones del yo son las de autoconservación y la defensa, y opone pulsiones del yo a pulsiones sexuales; o sea que Freud describe muy tempranamente esa función de autoconservación, de protección en el yo. Después queda expropiada y es el superyo. Como si una comunidad, por ejemplo, potabiliza el agua, y de pronto viene el estado y toma a la empresa, le pone la bandera y dice, nosotros potabilizamos el agua.
Te agradezco la pregunta, porque pienso que este pasaje de pulsiones del yo a función protectora del superyo, es la función de expropiación que hace cualquier estado de los esfuerzos de una comunidad para mejorar su vida. Después resulta que hay un tercer momento donde las funciones protectoras del yo son apenas posibles de ver, casi no existen, por ejemplo como un estado que abandona, el superyo te abandona porque mata, genera enfermedades…lo protegió tanto que lo mató.

Sería el yo que describe Freud en “El yo y el ello”, un yo sometido.

Exactamente, por eso decimos, hablo de nosotros porque ya que hay varios que pensamos así, que “El yo y el ello” es la metapsicología del represor, es un esquema teórico funcional al represor. Pone al yo como ese famosos jinete, medio psicótico, un jinete sin cabeza, alienado, que cree que tiene tres enemigos o tres servidumbres como dice Freud, o relaciones subordinadas según la traducción de Ballesteros, el superyo, la naturaleza y el ello, pero fijate que absurdo que de las tres, hay dos que no veo por qué, de la naturaleza uno viene y el ello es nuestra amiga; el deseo ¿por qué va a ser nuestro enemigo? Pero el Superyo en su versión social-demócrata, dice somos tres los enemigos, tres demonios. Por eso pensamos que esa metapsicología es la del represor, e intentamos con dificultades de todo tipo, la metapsicología del oprimido. El seminario que hacemos este año en Mate Amargo, tiene como subtítulo “Crónicas del oprimido”, en el sentido de plantear una metapsicología donde sea los modos yoicos y los modos superyoicos las dos clases que luchan, con predominios distintos, donde hay la posibilidad de un antagonismo de clases que da paso a algunas cuestiones dialécticas de superaciones o no. Pero esta idea de la trinidad yo, ello y superyo, con un yo como jinete sin cabeza, me parece funcional a la cultura represora.
Es interesante plantear que el superyo tiene una raíz judío-cristiana importante donde no se discrimina culpa de remordimiento. Freud plantea esto claramente, si vos le haces daño a alguien no hay por qué sentir culpa, se siente remordimiento. El remordimiento abre a la reparación, lleva a hacer algo con el daño, lleva a la responsabilidad. La culpa lleva a la repetición y lleva al castigo. Cuando hay castigo es porque hay culpa. Por ejemplo la doctrina Blumberg, es superyoica, cree que castigando se impide el delito. Freud dice que la alianza fraterna sintió remordimientos cuando mata al protopadre, pero el remordimiento no es culpa, el origen del remordimiento no es superyoico, el remordimiento es hijo de la ambivalencia. La culpa es previa al acto, la culpa paraliza, por eso dice Freud, en ese maravilloso artículo, “Los que fracasan al triunfar” y “Los que delinquen por sentimiento de culpa”, que la culpa, es decir el superyo, castiga más al santo que al pecador. Entonces el funcionamiento de la culpa es antisocial, es totalmente irracional y sin embargo queda casi como un regulador social. A mi me han dicho distinguidos colegas que lo que yo digo es que cada uno haga lo que quiera, y que eso sería un desastre. ¿Qué, ahora está todo bien?...esa idea de que si todo el mundo hace lo que quiere va a querer algo malo. Creo que ahí se enfrentan el modelo moderno de la libertad que dice que la libertad de uno empieza donde comienza la libertad de los demás, eso es superyoico. Lo yoico es que mi libertad se prolonga en la libertad de los demás. La famosa frase de Rosa de Luxemburgo “La libertad de los demás prolonga la mía hasta el infinito”. No es lo mismo pensar que mi libertad termina donde empieza la del otro, que pensar que mi libertad empieza donde empieza la del otro. Es decir que si el otro no es libre, yo no soy libre. La manera de pensar superyoica te lleva al ordenamiento, lo disciplinar, la sociedades de control, al modo de prohibido pisar el césped, no escupir en el suelo, lo que no hace mas que convocar a una manada de guanacos a escupir el suelo. Ya Freud lo dice claramente que no se prohíbe sino aquello que se desea. Tendríamos que preguntarnos ¿por qué se desea pisar el césped?, ¿por qué no hay pulsión de autoconservación del césped?
Parecen tonterías, pero Estados Unidos, el gran superyo del mundo no ratifica los protocolos de Kyoto, ¿por qué? Porque ellos si pueden pisar el césped, entonces no es prohibido pisar el césped, es ¡vos no lo podés pisar!, yo sí. Bueno… césped, digamos  recursos naturales, después viene el calentamiento global y todo lo demás.
La mirada del psicoanálisis implicado no es ¡pisemos el césped!, pero intenta salir de la ingenuidad de pensar que ese cartel es para todos, es un cartel de clases que dice: yo lo piso, vos no. Que es un poco, lo que Freud dice del mandamiento edípico, vos no podes tener relaciones sexuales con tu mamá, y yo si, o mejor dicho vos con ninguna mujer y yo con todas. Por eso sostenemos que el tabú no es del incesto sino del deseo. El superyo consagra el tabú del deseo. Un mundo sin deseo o con esa forma grotesca del deseo que es la manía, que es el deseo obligatorio. Si hay fiesta o carnaval hay que alegrase, al modo de alegría por mandato. Que tiene que ver eso con un sujeto armónico y feliz… ¡nada!
Hay indicadores claros de lo mal que funcionan los aspectos protectores del superyo, como los suicidios, las enfermedades psicosomáticas, la autoagresión, consumo de drogas, accidentes, violencia familiar, violencia sexual, violencia laboral, estados que consagran la tortura, la justicia que defiende abusadores, indultos, eso es el superyo.

…todo alejado de la autoconsevación

Claro…Ahora bien si uno acepta todo eso para ser protegido bueno…hay una frase de León Rozitchner que dice: “los que buscan el placer sin dolor, encuentran el dolor sin placer”…vos pactas con el diablo como Fausto, y el diablo te protege, pero finalmente viene y te cobra la factura. En un trabajo del tercer libro, “El paciente mediocre”, tomando algunas cosas de José Ingenieros, “El hombre mediocre”, digo que el hombre del superyo es el hombre mediocre.

Tomando esta crítica sobre que si no hay superyo esto sería un desastre, pienso que cuando Freud habla de domeñar la pulsión, permite varias interpretaciones, ya que él no habla de aniquilar la pulsión, sino de articularla acorde al yo.

Es muy interesante lo que planteas porque Freud hace una discriminación entre amor de meta inhibida e instinto coartado en su fin, que lo toma en “El malestar en la cultura” cuando habla de la desexualización de la pulsión y habla de San Francisco. El amor de meta inhibida no consuma el fin sexual, pero no reniega de su origen, la ternura. Hace una distinción de la amputación del instinto, que es cuando en el amor de San Francisco está todo desexualizado. La ternura implica cortar la descarga directa, pero sigue siendo erotizado, sigue habiendo un origen sexual, en cambio en el instinto coartado en su fin aparece otra cosa y la pulsión podría ser cualquier cosa, se puede amar a los pájaros, a la naturaleza, a Dios…un amor universal que Freud plantea como un trastorno en la constitución del yo. Como vos decís, llega un momento que la maquinaria superyoica ni siquiera permite la ternura. Pensemos que las grandes organizaciones totalitarias no permiten la ternura. Como decía Ricardo (Silva) de Wilhelm Reich, el paradigma de toda represión es represión sexual, y cuando ella está presente, o hay descarga directa o hay agresión, no hay espacio para la ternura. La ternura sería la inhibición de la meta pero no represión de la pulsión. Son dos destinos completamente distintos.

¿Cómo sería el regulador de una subjetividad sin superyo?

El regulador sería el yo, los modos yoicos de constitución de la subjetividad, estaría esto vinculado con lo que postulo como represión erótica, que es a instancia del ideal, que Freud lo trabaja en “Introducción al narcisismo”, son todos los artículos previos a la segunda tópica, donde Freud dice: “la formación del ideal es por parte del yo la condición de la represión”, entonces la represión erótica es del yo y tiene que ver con el ideal, por ejemplo, la tarea como organizadora es represión erótica, el ideal es la tarea, porque vos vas hacia algo y es represión porque es un control erótico del impulso.
El ideal del yo no es lo mismo que el ideal del superyo, ya que en la represión tanática lo que se busca es sometimiento. El superyo construye “Baluartes”, que es un término de Bleger, al que podemos llamar dogma, burocratización, paradigma, un “Baluarte” no tolera las anomalías que genera, es más importante la causa que el sujeto. La represión es necesaria, pero ese no es el problema, el tema es si es erótica o es tanática, si está al servicio de la tarea o de los intereses supremos de la empresa.
Yo cito como referente clínico del concepto de ideal del superyo a un paciente mío que hizo un gran cambio cuando entró a trabajar en la IBM, y ahí aprendí cómo en esas empresas se construye subjetividad, al modo del jinete sin cabeza, de subjetividad del sometido, el paciente tenía a toda la empresa encima, hasta con lenguaje de órgano. A partir de pacientes así, años después me di cuenta que la cultura represora implica beneficio primario para el victimario y beneficio secundario para la victima, el beneficio secundario conceptualizado por Freud es lo que sostiene la cultura represora. Un ejemplo lo tenemos en el 2001, la perdida fue del beneficio secundario, y vemos como años después, si bien juzgamos a los represores, la sociedad, la gente, el pueblo, indultó al sistema financiero, hoy hay una mayor bancarización que en aquella época.
Fijate cómo es la subjetividad, el otro día voy a un supermercado, voy a pagar y me dicen que hay un 15% de descuento con tarjeta de débito pero no si pagaba en efectivo, esto marca que Cavallo ganó. La bancarización es el triunfo de la gran masa artificial del sistema financiero ante el cual hemos vuelto a estar sometidos pero con una sonrisa. Sonreír ante el represor es estar sometido, pero cuando lo enfrentas estás abusado, pero por lo menos la peleas. Por eso pienso que la generación del setenta no fracasó, sino que fue derrotada. El fracaso es superyoico, la derrota es yoica. Si pensamos en el deporte, uno puede ser derrotado y a veces fracasar cuando se juega peor de lo que se puede jugar. Lo que se llama en el tenis el error no forzado es un fracaso, ahora el error forzado por el otro es una derrota, dolorosa tal vez, pero que vas ser. Gaudio es el mejor ejemplo del imperio del superyo.
Discriminar derrota de fracaso es fundamental porque sino crees en la omnipotencia del deseo. El deseo es potente, el que se presenta como omnipotente es el superyo, al modo de “Dios es mi pastor, nada te faltará”; si fuera “Dios es mi pastor, tendrás muchas cosas”, sería distinto.
Cómo decía antes, desmontar el beneficio secundario del sistema represor no es fácil. Freud decía que el paciente consulta cuando se le cae el beneficio secundario, no el primario, y busca en la transferencia recuperar ese beneficio secundario, por eso la reacción terapéutica negativa cuando se mete con cosas que no tiene el menor interés en conocer, en saber que las tiene.
Recapitulando, represión sí, pero erótica. Ahora, en “El yo y el ello”, Freud prácticamente hace que el superyo condense todas las funciones, son los superpoderes. Que no es súper, esa denominación también es muy encubridora, uno piensa en súper como algo mejor, pero en realidad frente al superyo el yo es un miserable, pero para mi ante una trinidad encubridora, ni la naturaleza natural, ni la naturaleza cultural que es el deseo son enemigos del yo.

¿Freud no está describiendo ahí la subjetividad que genera esta cultura?

Yo creo que si, pero eso hay que hacérselo decir,  Freud en ese sentido no es tajante. Por ejemplo en “Psicología de las masas…” toma a Le Bon y no precisa que Lebon es un teórico del fascismo. Por eso digo que cada uno tiene al Freud que se merece, yo estoy de acuerdo con lo que vos decís, pero en ese sentido Freud no es tajante, sobretodo porque él no hace descripciones, sino que construye una metapsicología que, como el Edipo, tiene un cierto sabor de universalidad y alguien puede decir que no hay subjetividad sin superyo.

Podríamos preguntarnos como era el psicoanálisis antes de 1923, antes del yo y el ello

Si, pero Freud mismo dice los antecedentes del superyo, en una nota a pie de página en el capitulo siete de “La interpretación de los sueños” el ya dice que esto es un anuncio de lo que va a ser el superyo. En “Duelo y melancolía” lo define como cultivo puro de pulsión de muerte, hay claros antecedentes del superyo antes de que escriba “El yo y el ello”. Aquí es importante relacionar, lo que Rodrigué cita en la biografía, que es la teoría paralela a la institucionalización del psicoanálisis. Lo que termina siendo el aspecto superyoico del psicoanálisis es la Internacional Psicoanalítica, que termina en el Tercer Reich, cuando Freud dice hay que sacar a todos los psicoanalistas judíos, donde queda claro que elige al superyo.
El psicoanálisis arma su propia masa artificial, la expulsión de Adler, de Reich, el suicidio de Victor Tausk, hay marcas superyoicas en Freud desde el concepto de envidia del pene para adelante.
Por eso yo digo que cada uno tiene al Freud que se merece, porque cuando uno piensa en determinada línea, hace un análisis de su propia implicación. Cada uno va a tomar el pensamiento Freudiano para dar cuenta de su implicación teórica y política, por eso para el psicoanálisis implicado la condición de cooperativista durante veinte años de trabajo es absolutamente inmanente, ya que a partir de la afinidad con cierta gente, luego se crea teoría.

¿Que lugar tiene la potencia liberadora del odio como forma de enfrentar a la cultura represora?

El odio está prohibido en la cultura represora, y reivindicar el odio es la consecuencia de no querer amar al enemigo. El mandato de amar al enemigo es una manera de anestesiar el odio. ¿Por qué es un mandato? Porque al enemigo se lo odia, lo dice la Marsellesa o nuestro propio himno nacional, el cual es un himno coartado en su fin. Lo que moviliza a la defensa es el odio al enemigo, para Freud el odio es hijo de la injuria a la autoconservación, es un circuito no libidinal, por eso él dice que el odio es previo al amor, si uno sabe odiar al enemigo aprende a amar a los amigos.
La capacidad del yo de identificar al enemigo - aquel que ataca tu propia autoconservación tanto individual, social o los propios vínculos - es el pensamiento crítico que permite discriminar qué ataca tu vida y qué beneficia tu vida - tu vida libidinal - y permite enfrentar el ataque, permite la fuerza para la defensa. El deseo tiene que pedir ayuda al odio para enfrentar a los delirios superyoicos de la humanidad. La cultura represora propone la indiferencia, es decir anestesiar el odio.
Sería el odio asociado no a una agresividad destructiva, sino a una agresividad que permita sostener el deseo
Pienso ahora que la propuesta sería odio mas deseo, igual liberación. Hablar del tema del odio es revelador porque yo también tengo anestesiado mi odio. Creo que hay que discriminar odio de rencor, porque el rencor es la agresividad producto de la frustración libidinal, como dice el tango “rencor tengo miedo que seas amor”, ahí el rencor es una trampa, porque lo que consume es el rencor, el resentimiento. El odio no es una frustración libidinal, como dije antes, Freud lo define como la reacción primaria ante la injuria de la autoconservación. Por ejemplo, si yo veo que una empresa contamina el agua potable y tengo un hijo con plomo en la sangre por el agua contaminada, si no odio a esa empresa estoy muy enfermo.
¿Qué hago con el odio? Trato de acumular fuerzas. Hay depredadores terribles, las empresas mineras que se llevan millones de litros de agua dejando zonas desérticas en el sur, si no odias a este sistema depredador que no puede parar ¿cómo haces para enfrentarlo?
Ahora bien, la cultura represora prohíbe el odio pero lo promueve, ya que enseña a odiar al otro, al diferente, es una cultura que prohíbe el odio y fomenta el nazismo, prohíbe el odio y tolera la masacre del pueblo palestino.

¿Estaría prohibido odiar al enemigo en la medida de que algunos quedan por fuera de esa prohibición?

Exactamente, la cultura represora también crea enemigos artificiales, yo no creo que el pueblo de Israel y el pueblo palestino sean enemigos. Esta cultura represora promueve el odio pero lo direcciona, el racismo, la xenofobia…el odio en primer plano, ahora si uno dice que odia, ¡no!
Por supuesto que hay situaciones virtuales como el juego donde vos no tenés que odiar, es la diferencia entre rivalidad y competencia, el odio es la rivalidad. El tema no es si hay odio o no, el tema es hacia quien se dirige.
Desde el psicoanálisis implicado no proponemos el odio, lo reconocemos como una necesidad para enfrentar al enemigo, la cultura represora también, la diferencia es que los enemigos de la cultura represora no son nuestros enemigos, ese cambio es el análisis de la implicación, uno desde su lugar de clase discrimina cual es el enemigo.
Yo creo firmemente que el psicoanálisis implicado ilumina un camino, también creo que yo no lo he recorrido, pero hay muchas cosas para pensar y creo que todas pueden ser pensadas.

 

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